La política, entendida históricamente como un puente o un ágora para la construcción de lo público, ha mutado drásticamente. Hoy, lejos de s
La política, entendida históricamente como un puente o un ágora para la construcción de lo público, ha mutado drásticamente. Hoy, lejos de s


La política, entendida históricamente como un puente o un ágora para la construcción de lo público, ha mutado drásticamente. Hoy, lejos de ser un espacio de diálogo y acuerdo, se ha convertido en una trinchera, un campo de batalla donde el objetivo principal es la aniquilación simbólica del adversario para garantizar la propia supervivencia política. Esta degradación del debate público, marcada por el insulto y la hostilidad, hace indispensable la reivindicación de los principios del liberalismo clásico.
La esencia de esta tradición, según la politóloga Constanza Mazzina, directora de la Licenciatura en Ciencias Políticas (UCEMA), reside en su premisa fundamental: el poder, por su naturaleza, tiende a corromperse y expandirse sin control. Por ello, el liberalismo se erige como una arquitectura de límites, una disciplina indispensable, especialmente cuando se ejerce el poder en lugar de simplemente criticarlo desde la oposición.
El verdadero ejercicio del poder
Gobernar, desde esta perspectiva, exige autolimitación. Implica comprender que el Estado no es una posesión personal ni un botín de guerra, sino un bien común que debe ser administrado con responsabilidad y devuelto en condiciones, si no mejores, al menos preservadas. Esta noción de límite es la que fundamenta la idea de la política como un servicio y un ejemplo.
Quienes conciben el poder como una carga delegada y no como un privilegio, entienden que la autoridad moral no se decreta, sino que se construye a través del ejemplo. La ejemplaridad se presenta como el antídoto más efectivo contra el cinismo ciudadano, que nace cuando los líderes confunden el servicio público con el beneficio privado, rompiendo así el contrato de confianza que sustenta la democracia. Sin ejemplaridad, la política pierde legitimidad y se reduce a un mero juego de transacciones y privilegios.
El conflicto inherente a la democracia
Es innegable que la política es, y siempre será, un ámbito de conflicto. La polis, como espacio de convivencia, es intrínsecamente un lugar de disputa, de choque entre visiones contrapuestas sobre cómo organizar la vida en común. El conflicto, el disenso, es el motor de la democracia. El problema no radica en la existencia del antagonismo, sino en la sustitución de la confrontación entre adversarios respetuosos de las reglas por una guerra de trincheras.
En esta trinchera, el debate se desmorona. El fuego cruzado reemplaza al argumento, el grito anula la escucha y el insulto cierra las puertas al acuerdo. La trinchera embrutece, simplificando la complejidad del mundo a una dicotomía maniquea de “ellos contra nosotros”.
¿Qué queda ante este panorama?
Ante este escenario de degradación, paradójicamente, surge el refugio de los principios. Cuando el espectáculo del grito y la confrontación se agote por puro hartazgo, solo perdurarán aquellas instituciones y valores que hayan resistido la erosión del lenguaje y las formas. La tarea, aunque incómoda, se vuelve revolucionaria: reivindicar la moderación no como debilidad, sino como la máxima expresión de coraje cívico.
Es fundamental recuperar la comprensión de que limitar el poder es, en esencia, proteger la libertad de todos, incluso de aquellos que nos atacan desde la trinchera opuesta. La reconstrucción institucional, que establezca un horizonte previsible de reglas de juego comunes, es lo que permitirá la cooperación pacífica y abrirá el camino al progreso.
Datos clave
| Concepto | Descripción |
|—|—|
| Definición de Política | Históricamente como puente o ágora, actualmente como trinchera de confrontación. |
| Principio Liberal Clásico | El poder tiende a corromperse y expandirse; la arquitectura de límites es esencial. |
| Gobernar | Implica autolimitación, entender el Estado como servicio y no como posesión. |
| Conflicto Democrático | Es inherente, pero la guerra de trincheras sustituye el debate respetuoso. |
| Solución Propuesta | Reivindicar la moderación, la ejemplaridad y la reconstrucción institucional. |
La profunda transformación de la política argentina, y de muchas otras democracias, hacia un modelo de confrontación constante, tiene implicaciones directas en la vida de los ciudadanos. La falta de acuerdos y la polarización extrema dificultan la implementación de políticas públicas estables y predecibles, afectando la economía, la seguridad y el bienestar social. La recuperación de un espacio para el diálogo y el respeto mutuo en la esfera política es crucial para el desarrollo y la estabilidad del país.
Fuente: Clarin Opinion – https://www.clarin.com/opinion/politica-trinchera_0_WWHbB8yvd6.html
Datos clave
| Punto | Detalle |
|---|---|
| Fuente | Clarin Opinion |
| Fecha | 2026-06-25T17:47:13+00:00 |
| Tema | La política como trinchera |
Fuente
Clarin Opinion Publicacion original: 2026-06-25T17:47:13+00:00
Valentina Rojas
Editora de actualidad politica e institucional en Va Seguro.
