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La Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín se convierte en el escenario de “La habitación desconocida”, una propuesta teatral que desaf

La Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín se convierte en el escenario de "La habitación desconocida", una propuesta teatral que desaf

Noticias Publicado 26 mayo 2026 6 min de lectura Lucía Fernández
Escena de la obra teatral
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La Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín se convierte en el escenario de “La habitación desconocida”, una propuesta teatral que desafía las convenciones narrativas para adentrarse en las intrincadas capas del desamor, la memoria y la percepción temporal. Bajo la dirección de Lautaro Delgado Tymruk, la obra, con dramaturgia de Gonzalo Martínez, presenta las actuaciones de Guillermo Angelelli y Sofía Brito, quienes dan vida a una pareja cuya relación se debate en un espacio y tiempo fragmentados.

Una casa que se desarma y rebelde, un personaje más de la trama, sirve como metáfora de la desintegración emocional de Paula y Horacio. La escenografía de Paola Delgado cobra un protagonismo inusual, reflejando la inestabilidad y el desconcierto de los protagonistas. El espacio escénico se presenta impreciso, tan indómito como el tiempo que los personajes intentan, sin éxito, dominar y sincronizar. La obra se distancia de una linealidad cronológica, optando por una estructura circular donde las palabras y las situaciones se repiten, volviendo sobre sí mismas, a menudo dichas indistintamente por Paula o Horacio. Esta fragmentación temporal es la clave para manifestar la maraña existencial en la que se encuentran inmersos, sugiriendo que una historia de amor, o su final, puede ser un ciclo recurrente, donde la separación no siempre implica un verdadero alejamiento.

El accidente como detonante

La obra introduce un evento desencadenante: un accidente que, si bien no alcanza la magnitud de una tragedia, se convierte en el catalizador del malestar latente en la pareja. Uno de los hijos sufre una herida en la cabeza durante un paseo familiar. Aunque la herida se cura y el niño se recupera, el suceso deja a los padres sumidos en un estado de vacilación, como si el desgarro amoroso los hubiera arrojado a una desesperación irresoluble. Este ensimismamiento, esta obsesión por lo que pudo haber sido o lo que el otro debió decir o hacer, y la dificultad inherente a la formación y mantenimiento de una familia, los lleva a deambular por la escena teatral como si fuesen personajes de un film noir o de una persecución cinematográfica.

La dirección de Lautaro Delgado Tymruk se enfoca en trabajar una emocionalidad “estallada” en las actuaciones de Brito y Angelelli, al mismo tiempo que los convierte en “operarios del artificio teatral”. La puesta en escena busca que el espectador mantenga una cierta distancia, evitando caer en la simple anécdota. El dispositivo escénico, con sus procedimientos a la vista, permite observar cómo los actores viven y sufren los hechos, pero a la vez deben gestionar la dimensión escenográfica para reconstruir un hogar que se ha vuelto ajeno.

Un espejo de la intimidad

La escenografía, diseñada por Paola Delgado, no es un mero telón de fondo, sino una manifestación tangible de la crisis de la pareja. La casa, en su deconstrucción, se erige como un reflejo de sus estados emocionales. Los actores, a través de sus movimientos sincronizados y la disposición de objetos, trabajan en planos que se unen, se repiten o conviven, pero raramente establecen contacto físico directo. Esta distancia física, paradójicamente, subraya la conexión espectral que aún los une, ya sea a través del recuerdo o de la repetición obsesiva de patrones que los mantienen atados a la misma situación, aun cuando habiten espacios distintos.

El texto de Gonzalo Martínez apela a lo “ominoso”, a lo familiar que deviene extraño. La obra explora la monstruosidad que puede emerger ante el máximo dolor, la crueldad que la desdicha puede infligir y la impiedad ante el sufrimiento ajeno. A través de recursos escénicos y narrativos, la pieza sugiere que, en el ámbito de una pareja, los individuos pueden llegar a reflejarse mutuamente, no por simbiosis, sino porque en el acto de herir o abandonar, ambos son susceptibles de asumir roles idénticos. El amor, en su perdurabilidad, puede transformarse en la triste tarea de permanecer unidos en el reproche, hasta agotar las palabras.

Las luces de Ricardo Sica juegan un papel crucial, actuando como faros en la oscuridad que por momentos envuelve la escena, enfocando a los personajes y acentuando la imprecisión del espacio y el tiempo. Existe una yuxtaposición entre el “adentro” y el “afuera”, un reflejo de la situación emocional que atraviesan Paula y Horacio.

Un dispositivo escénico innovador

La mezcla de artificio teatral con una trama realista, un recurso que Delgado Tymruk y Sofía Brito ya habían explorado en trabajos anteriores, permite al espectador observar la obra con una perspectiva crítica. El dispositivo escénico, al hacer visibles los procedimientos, invita a una reflexión más profunda sobre la naturaleza de las relaciones y la construcción de la realidad compartida. A pesar de sufrir los hechos que se desarrollan, los actores deben, simultáneamente, desmantelar y reconstruir la realidad escénica, devolviendo una forma a la casa que se ha vuelto extraña.

“La habitación desconocida” se postula como una exploración profunda de la condición humana en el contexto de las relaciones sentimentales, utilizando el espacio y el tiempo como herramientas para desentrañar las complejidades del desamor y la memoria. La obra invita a cuestionar la linealidad de nuestras vidas y la forma en que los eventos, incluso los aparentemente menores, pueden reconfigurar nuestra percepción de la realidad y de nosotros mismos.

Datos clave

  • Aspecto: Descripción
  • Obra: La habitación desconocida
  • Dramaturgia: Gonzalo Martínez
  • Dirección: Lautaro Delgado Tymruk
  • Actuaciones: Sofía Brito, Guillermo Angelelli
  • Espacio: Sala Cunill Cabanellas, Teatro San Martín
  • Temporada: Hasta el 5 de julio

La obra resuena especialmente en el contexto argentino al abordar temas universales como la fragilidad de las relaciones, el impacto de los traumas y la subjetividad del tiempo, invitando a la reflexión sobre la construcción de la intimidad y la familia en un mundo en constante cambio. La propuesta del Teatro San Martín ofrece una experiencia cultural que va más allá del entretenimiento, planteando interrogantes sobre la naturaleza de la conexión humana.

Fuente

Clarin ultimo momento Publicacion original: 2026-05-26T08:00:59+00:00