Cuando la IA hace la tarea y la otra IA la corrige: ¿dónde queda el aprendizaje?
Laura Lewin, Magíster en Ciencias de la Educación, analiza el impacto de la Inteligencia Artificial en la evaluación educativa y los desafíos para el aprendizaje en Argentina.


En un escenario educativo que por momentos parece una paradoja, la Inteligencia Artificial (IA) ha irrumpido en las aulas, planteando nuevos desafíos sobre el verdadero significado del aprendizaje. Laura Lewin, Magíster en Ciencias de la Educación y doctoranda en Liderazgo Educativo, aborda esta temática en un análisis que invita a la reflexión, especialmente en el contexto argentino donde la adaptación a estas nuevas tecnologías es una constante. La preocupación central gira en torno a cómo rediseñar la evaluación para que siga siendo un motor de pensamiento y no un mero trámite.
La escena descrita por Lewin es llamativa: un alumno utiliza IA para realizar un trabajo práctico y, a su vez, el docente recurre a otra IA para corregirlo. Esta situación, que podría parecer una anécdota, ya es una realidad en muchos centros educativos. La pregunta que surge es fundamental: si tanto alumnos como profesores delegan el proceso de pensamiento en la tecnología, ¿dónde se ubica el aprendizaje genuino? La autora subraya que el problema no es la existencia de la IA, sino su uso para evitar el pensamiento crítico y la profundidad en el proceso educativo.
Tercerizar el pensamiento: el dilema del estudiante
Lewin distingue claramente entre usar la IA como una herramienta de apoyo y delegarle por completo el proceso de creación. Si un estudiante utiliza la IA para buscar ideas, practicar, comparar o mejorar borradores, está empleándola de manera constructiva. Sin embargo, si la instrucción es simplemente “haceme el trabajo” y luego lo entrega como propio, se produce una tercerización del pensamiento que anula el aprendizaje. Muchas evaluaciones tradicionales, diseñadas para verificar la producción de resúmenes, ensayos o monografías, hoy pueden ser resueltas por una IA en segundos. Esto fuerza a la educación a replantearse qué se está evaluando realmente. No se trata de prohibir la tecnología, sino de comprender que “entregar algo” no es sinónimo de “haber aprendido”.
La corrección automatizada: ¿un riesgo para la pedagogía?
Del mismo modo, el uso de IA por parte de los docentes para corregir tareas presenta una doble cara. Si bien puede ser una herramienta eficaz para ahorrar tiempo, detectar patrones o generar primeras devoluciones, el problema surge cuando la corrección se convierte en un proceso meramente automático. Corregir va más allá de asignar una nota; implica entender el proceso de pensamiento del alumno, identificar confusiones, observar su evolución y comprender qué ha asimilado y qué no. La retroalimentación es un componente vital del aprendizaje, y si tanto el alumno como el docente tercerizan sus roles, se pierde el “encuentro pedagógico”, un aspecto esencial de la interacción humana en la educación. La IA puede asistir, pero no debe reemplazar la mirada profesional y empática del educador.
Datos clave
- Uso de IA por alumnos: Riesgo de tercerización del pensamiento y anulación del aprendizaje.
- Uso de IA por docentes: Potencial para ahorrar tiempo, pero riesgo de perder la profundidad de la retroalimentación pedagógica.
- Rediseño de la evaluación: Necesidad de enfocarse en el proceso de pensamiento y habilidades humanas, no solo en el producto final.
Rediseñar la evaluación: el camino a seguir
La discusión sobre la IA en la educación ya no puede ser si “sí” o “no”, ya que la tecnología está integrada en la vida cotidiana. La verdadera pregunta, según Lewin, es qué capacidades humanas se seguirán exigiendo y entrenando. Si los futuros profesionales se acostumbran a resolver todo con IA, ¿cómo se desarrollará su criterio y capacidad de resolución ante situaciones complejas o fallas tecnológicas? La autora enfatiza que no se necesitan profesionales “anti IA”, sino aquellos que sepan pensar con ella y, crucialmente, también sin ella.
El gran desafío educativo de la década es rediseñar la evaluación, no para volver a prácticas memorísticas, sino para dejar de evaluar únicamente productos terminados y empezar a valorar el “pensamiento en acción”. Esto implica preguntar menos “qué entregó” y más “cómo llegó hasta ahí”, fomentando la conversación, la oralidad, la resolución de problemas reales, la escritura en clase y la defensa de ideas.
La IA nos obliga a cuestionar prácticas educativas arraigadas: ¿Tiene sentido seguir pidiendo tareas que solo reorganizan información? Las evaluaciones más difíciles de reemplazar por IA son precisamente las que requieren argumentación, creatividad, toma de decisiones, explicación con palabras propias, adaptación a nuevas situaciones y trabajo colaborativo.
Para complementar las evaluaciones tradicionales, se propone:
* Defender oralmente una idea.
* Explicar los procesos de pensamiento.
* Comparar y analizar errores en respuestas generadas por IA.
* Resolver casos inéditos.
* Construir proyectos aplicados.
* Realizar escritura en clase y fuera de ella.
* Registrar el proceso de trabajo, no solo el resultado final.
Estas estrategias buscan recuperar el valor de la interacción y el pensamiento crítico, asegurando que la IA sea una herramienta al servicio del aprendizaje y no un sustituto del mismo. En Argentina, donde la implementación de nuevas tecnologías en el ámbito educativo avanza, estas reflexiones son cruciales para formar profesionales capaces de innovar y pensar de manera autónoma en un mundo cada vez más mediado por la tecnología.
Fuente
Clarin Opinion Publicacion original: 2026-05-21T16:11:47+00:00
Valentina Rojas
Editora de actualidad politica e institucional en Va Seguro.
