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Crisis en la Ciencia Argentina: Recortes Presupuestarios y Desmantelamiento del Ecosistema Científico

Crisis en la Ciencia Argentina: Recortes Presupuestarios y Desmantelamiento del Ecosistema Científico

Noticias Publicado 23 mayo 2026 6 min de lectura Valentina Rojas
Científicos trabajando en un laboratorio moderno en Argentina, con equipos de alta tecnología.
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El financiamiento de la ciencia y la tecnología en Argentina se encuentra en el centro de un debate cada vez más acalorado. Diversos sectores de la comunidad científica y académica expresan profunda preocupación ante los recientes recortes presupuestarios, advirtiendo sobre un posible “desmantelamiento” del ecosistema científico del país. Por su parte, desde el oficialismo se defiende una postura de “reorganización” del sector, argumentando la necesidad de optimizar recursos.

La discusión se enmarca en un contexto global donde la inversión en ciencia, tecnología e innovación (CTI) ha dejado de ser un componente accesorio para convertirse en un factor estructural del desarrollo económico. Países que destinan una mayor proporción de su Producto Bruto Interno (PBI) a la generación de conocimiento no solo lideran en innovación, sino que también se posicionan en los primeros lugares en desarrollo humano, productividad, competitividad y calidad de vida.

Por que importa

El rol esencial de la ciencia en el progreso de las naciones es innegable. Diego Golombek, doctor en Biología e investigador, subraya que la apuesta por la ciencia, aunque a largo plazo, puede generar réditos significativamente mayores. Ejemplos como el de la farmacéutica Novo Nordisk, cuyo éxito con medicamentos para la diabetes y obesidad la ha catapultado a ser la empresa con mayor capitalización de Europa, demuestran el potencial transformador de la inversión en investigación.

Cifras internacionales revelan la disparidad en la inversión en I+D. Mientras el gasto mundial asciende a unos 2,8 billones de dólares anuales, el 80% se concentra en un puñado de países. Siete de cada diez naciones destinan menos del 1% de su PBI a ciencia, un umbral considerado insuficiente para sostener procesos de innovación continuos. En contraste, países como Israel (6% del PBI), Corea del Sur (cerca del 5%) y Suecia, Estados Unidos y Alemania (superiores al 3%) lideran rankings de innovación y desarrollo humano.

Contexto

El panorama argentino presenta una realidad contrastante. A pesar de contar con una sólida tradición científica, universidades públicas de calidad y un sistema de investigación reconocido internacionalmente, la inversión en CTI ha sido históricamente baja e inestable. En los últimos años, la inversión se ha mantenido entre el 0,5% y el 0,6% del PBI.

La situación se agrava al observar las consecuencias directas sobre los investigadores y el sistema científico. Un reciente reporte del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación señala que, a noviembre de 2023 y computada la inflación de abril, los salarios de los investigadores del Conicet experimentaron una pérdida real del 40,4%. Los docentes investigadores en universidades nacionales han perdido el 34,2% de su salario, y los científicos del Sistema Nacional de Empleo Público, el 32,1% en el mismo período.

La Red de Autoridades de Institutos de Ciencia y Tecnología (Raicyt) ha presentado un recurso de amparo contra el artículo 30 de la ley de Presupuesto 2026, que deroga artículos clave de la ley de financiamiento del sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación. Esta ley establecía un aumento progresivo de los recursos asignados al sistema científico, garantizando que nunca fueran inferiores, en términos absolutos, a los del presupuesto del año anterior.

Sergio Dassie, miembro de la coordinación de Raicyt e investigador principal del Conicet, advierte que el sistema se sostiene cada vez más por inercia. La ley de financiamiento preveía un sendero de crecimiento que debía llevar la inversión al 1% del PBI en 2030, con una meta para este año de alrededor del 0,56%. Sin embargo, el presupuesto aprobado asigna apenas el 0,15%, lo que deja al sistema de ciencia y tecnología en una posición muy vulnerable.

Este recorte se manifiesta en el funcionamiento cotidiano de los institutos y unidades ejecutoras del Conicet, obligando a universidades u otros organismos a cubrir gastos básicos. Gran parte del trabajo está siendo subvencionado por contrapartes, y se suma el crítico problema de la infraestructura, que requiere mantenimiento constante. Equipos especializados, como bioterios, no pueden simplemente apagarse y prenderse según la disponibilidad presupuestaria.

El impacto más profundo, sin embargo, recae sobre las personas. La drástica reducción en el número de becarios no solo afecta los ingresos actuales, sino que también compromete la formación de futuras generaciones de investigadores, desarmando cadenas de conocimiento a mediano y largo plazo. La baja en el presupuesto también afecta a organismos clave como la Comisión Nacional de Energía Atómica (Cnea), la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti), entre otros.

La situación actual representa el presupuesto más bajo de las últimas tres administraciones nacionales. Una propuesta de la Fundación Libertad y Progreso, cercana a las ideas de la actual administración, planteaba la necesidad de una reforma profunda en el sistema científico, sugiriendo una reorientación hacia áreas de mayor impacto económico.

Datos clave

  • Aspecto: Detalle
  • Inversión en CTI en Argentina: Entre 0,5% y 0,6% del PBI en los últimos años.
  • Recorte presupuestario: El presupuesto aprobado asigna apenas el 0,15% del PBI.
  • Pérdida salarial (Conicet): 40,4% real hasta abril de 2026.
  • Ley de Financiamiento: Buscaba aumentar la inversión al 1% del PBI en 2030.

La ciencia y la innovación son pilares fundamentales para el desarrollo sostenible y la competitividad de cualquier nación. La Argentina, con su capital humano y su potencial científico, enfrenta un desafío crucial: revertir la tendencia de desfinanciamiento y asegurar un futuro donde la investigación y el conocimiento sean motores de progreso y bienestar para todos sus ciudadanos. La reestructuración del sector, si bien puede ser necesaria, no debe comprometer la continuidad de los procesos de investigación ni el desarrollo del talento científico del país.

Fuente

La Nacion Publicacion original: 2026-05-23T03:09:00+00:00